Aún no entiendo
cómo pasó, nunca me he puesto a analizarlo realmente, ni siquiera a tratar de
recordarlo pues temo volverme loco, paso hace 10 años con mi primera esposa, yo
trabajaba en una empresa dedicada a importaciones de juguetes orientales, era
el encargado de los embarques, me aseguraba que todo llegara como debía y que
todo fuera enviado de igual manera. Recuerdo que una noche ya de madrugada
recibí una llamada en mi celular diciéndome que había llegado un embarque de
productos japoneses cinco horas antes de lo previsto y que tenía que ir de
emergencia para verificar que todo estuviera bien. Me levante y desperté a mi
esposa, le dije lo que me pasaba y me comencé a preparar para irme a la
empresa, ella me dijo que si le podía traer de vuelta unos hotcakes con miel,
yo asentí pero le advertí que no sabía cuánto tardaría en verificar todo y que
tal vez ya no habría hotcakes si me desocupaba después de mediodía,
- si te das
cuenta que te tardarás me llamas, para desayunar algo más-me dijo
-si me desocupo antes claro que te los traeré,
todo por ti y por el bebé que esperamos- le respondí y salí del departamento.
Elida, mi
esposa, tenía 3 meses de embarazo, aún no sabíamos el sexo del bebé, sería
nuestro primer hijo y estábamos muy emocionados de recibirlo, por eso trataba
de cumplirle cada antojo que tuviera. Cuando llegué a la empresa vi que el
camión del embarque no era muy grande, estaba lleno con unas ocho cajas de
cartón como del tamaño de una lavadora promedio, y dentro de estas cajas había
unas más pequeñas, cada una contenía un tamagochi, un juguete japonés como del
tamaño de un reloj de bolsillo que consistía en una mascota digital que debía
ser alimentada, vestida y entretenida para lograr que sobreviviera.
Cuando
terminamos de verificar que todo estuviera en orden, como a las diez de la
mañana más o menos, fui a mi oficina a terminar con el papeleo y vi en mi
escritorio una pequeña caja de un tamagochi con una nota sobre ella, la nota
decía, “para que comiences tu entrenamiento” no decía quien la enviaba ni
ninguna otra cosa. Abrí la caja, saque el tamagochi y lo encendí, en la
pantalla apareció un bebé humano, me pareció curioso puesto que yo tenía
entendido que solo había mascotas de bebés animales, le puse nombre al bebé, lo
llamé Rogelio, y lo alimenté por primera vez, en los indicadores de estado
decía que estaba feliz. Dejé de jugar, colgué el tamagochi como un llavero más
entre mis llaves y recordé los hotcakes de Elida, pase por una docena de
hotcakes para también desayunar yo y los llevé hacia mi mujer.
Al llegar a mi
casa vi a Elida sentada frente al televisor, me dijo que el bebé se había
movido, le dije que era su imaginación puesto que era demasiado pequeño a los
tres meses como para que lo sintiera, ella siguió diciéndome que claramente lo
había sentido y que le gustaría que lo hubiese sentido yo mismo, solo asentí y
le dije que la maternidad se le estaba subiendo a la cabeza, se rió y me
pregunto si había recordado su encargo, -claro que sí, sabes que siempre cumplo
tus antojos- le aseguré y nos dirigimos a la mesa a desayunar, cuando dejé las
llaves en la repisa el tamagochi sonó, su sonido era bastante molesto, un
sonido digital intermitente, lo revise y vi que el bebé se había ensuciado y lo
cambié. Elida lo vio y le llamó la atención, se lo preste y me dijo que era
buena cosa ese juguete para que fuese aprendiendo a cambiar pañales y a atender
los llantos del bebé, solo reí y me dirigí a la mesa.
A la media noche
un sonido me despertó, preste atención y percibí que era el llanto de un bebé,
se encontraba muy cerca, probablemente en mi patio o hasta dentro de la casa,
me levante de la cama y me dirigí a buscar la fuente del llanto. Conforme me
dirigía a la sala de mi casa el llanto se volvía cada vez más fuerte, y cuando
llegué a ésta el llanto se detuvo por completo, me pareció raro y pensé que ahora
era a mí a quien se le estaba subiendo la paternidad a la cabeza y me dirigí a
la cama de nuevo. Cuando comencé a subir las escaleras hacia mi habitación el
tamagochi empezó a sonar y fui de nuevo a la sala hacia la repisa y vi que Rogelio lloraba, fue extraño puesto que ningún indicador de estado se
encontraba en niveles bajos, traté de hacer que se callará pero no lo logré, de
repente sucedió algo escalofriante, sentí como si el bebé me volteara a ver, se
calló por completo y sentí que el silencio se extendía por toda la casa, de
repente comenzó a reír y se fue gateando hasta entrar a una pequeña casa dentro
de la pantalla, pensé que tal vez era normal y volví a dejar las llaves en la
repisa. Cuando llegué de nuevo a la cama Elida estaba sentada y me dijo que
esta vez estaba segura que había sentido al bebé moverse y que hasta la había
despertado, le dije que era su imaginación y volvimos a dormir.
La semana siguiente
a ese raro suceso llevé a elida al ginecólogo a su revisión mensual, todo
estaba en orden según su doctor y teníamos un bebé muy sano en desarrollo. Todo
seguía normal y no había sucedido nada raro hasta el cuarto mes, de nuevo en la
madrugada escuché el llanto de un bebé, me dirigí a buscarlo y me di cuenta que
de nuevo al llegar a la sala el llanto se iba y un momento después el tamagochi
comenzaba a sonar, pensé que era coincidencia y volví a ver al bebé reír e irse
gateando hasta la pequeña casa en el fondo de la pantalla, esa vez sentí miedo
y fui rápidamente con Elida para ver si ella también había sentido lo mismo,
efectivamente ella también estaba despierta y me dijo que sintió al bebé
moverse, le comente lo que sucedía con el tamagochi y me dijo que debía tomar
unas vacaciones de mi trabajo porque me estaba volviendo loco.
Seguí con mi
vida normal, seguía llevando a Elida a sus citas al médico y todo seguía en
orden, continúe con el cuidado del tamagochi y al quinto mes de gestación me di
cuenta que el llanto del bebé lo escuchaba justo cuando se cumplía un mes más.
Esa noche ni siquiera me levante, ignore el llanto del bebé y el tamagochi no
sonó, pensé que quizás era solo mi imaginación y que ignorándolo dejarían de
suceder cosas raras. Mi error fue muy grande.
Al sexto mes el
llanto que me despertó era escalofriante, el bebé no solo lloraba, se
escuchaban gritos de terror, se podía sentir el dolor en ese llanto, era
terrible, espantoso, terrorífico. Esa vez salté de mi cama y corrí hacia la fuente
del llanto, una vez más el llanto cesó al llegar a la sala e inmediatamente
después el tamagochi comenzó a sonar, corrí a verlo y la cara de Rogelio no
mostraba un llanto normal, era casi real, mostraba miedo y sufrimiento, me
volteó a ver y esta vez el sonido del tamagochi no cesó, en lugar de eso
comenzó a convertirse de nuevo en el llanto real del bebé, vi como su cara se
volvía real y como me veía suplicando que le ayudara, de repente el pequeño
dejo de verme y comenzó a ver algo más, como si viera sobre mis hombros, como
si algo estuviera tras de mí y le provocara un temor profundo, volteé un
segundo y no vi nada, cuando volví la vista a la pantalla vi que el bebé dejo
de llorar, su cara mostraba solo terror y vi como poco a poco sus piernas se desprendían
de su cuerpo, veía sus ligamentos mientras sus huesos se rompían, el pequeño no
lloraba, solo se volteó y trato de gatear hacia su casa nuevamente, mientras se
arrastraba dolorosamente en el piso dejaba un rastro de sangre, no logró llegar
a su casa, cayó muerto a medio camino y después la pantalla se apagó, quedé
anonadado, no podía creer lo que había visto, solo el horrible grito de mi
mujer me sacó de mi trance, corrí hacia la habitación, cuando llegué ya era muy
tarde, Elida tenía la boca y los ojos llenos de sangre, sus brazos sosteniendo
su abdomen y sus piernas abiertas, entre sus piernas había un gigantesco charco
de sangre y después un rastro como de algo que había salido de su vientre y se
había arrastrado por toda la cama y parte del piso, al final del rastro no
encontré nada.
A los tres días
de lo sucedido escuche como entraban en mi casa, los oficiales me encontraron
en el suelo en posición fetal con ninguna expresión en mi cara, me levantaron y
me colocaron en una camilla, mientras me llevaban a la ambulancia pude ver el
cuerpo de mi mujer en descomposición en la cama. No quería recordar esta
historia por miedo a volverme loco, pero eso ya no importa, no he hablado con
nadie y aquí estoy en el manicomio escribiendo mi historia, ahora buscando un
poco de lucidez.